“La arcilla antes de ser la olla,
como la olla y después de la olla,
era, es y será arcilla”
(EL GUITA. Un torrente de Sabiduría.
Sathya Sai Baba).
“Manos que fecundan las infinitas posibilidades de la arcilla;
Manos que aman los sonidos del amanecer;
Manos que juguetean en las oquedades de la tierra;
Manos que recuerdan quienes alguna vez fuimos;
Manos que forjan la sonrisa sutil de las estrellas;
Manos que entretejen sueños ya olvidados;
Manos que entrelazan nuestros recuerdos de niños;
Manos que habitan los intersticios infinitos de los cuerpos;
Manos que amasan las recónditas realidades del Ser;
Manos que trascienden las dimensiones del Alma;
Manos que escudriñan los múltiples Universos de ésta, y de otras vidas….”..
Manos pensativas, confundidas con la memoria ancestral de la tierra, que danzan frenéticamente un ritual de fertilidad, reiterado por generaciones de alfareros que evocan el eterno y primordial contraste dual: nacimiento y muerte; amor y desamor; alegría y tristeza.
A la lejanía de los recuerdos, el eco de tambores retumban en íntima ceremonia, celebrando el reencuentro con aquellas mismas nobles manos que saben de las recónditas huellas que han dejado a través de todos los tiempos las memorias del Fuego y los secretos de la Arcilla.
Y esas manos en tarea sagrada, moldeando mundos y dimensiones, cocreando las infinitas realidades potenciales de la arcilla y su concreción como obra bajo la alquimia de los cuatro elementos siempre omnipresentes: tierra, fuego, agua y aire, sutilmente amalgamados por la presencia ausente de una sensual intervención invisible.
Éste es un reportaje fotográfico a las Manos anómimas del infinito universo ancestral de la alfarería, que pretende reflejar en imágenes el proceso creador que, germinando en medio de una ancestral danza de cortejo, culmina con el fundente y apasionado apasionado del Fuego con la Arcilla.
J.A.A.H.


