DIÁLOGOS EN CLAROSCURO -Libro-

“…Sé que los únicos paraísos no vedados al hombre, son los paraísos perdidos…”

                                JORGE LUIS BORGES

Dos sensaciones fueron las que experimenté cuando después de casi quince años volví “al Acosta”, como le llamamos familiarmente aquellos que le profesamos un entrañable cariño. Una,  fue la de una visceral nostalgia al decir de  Oliverio Girondo y la otra, una mezcla de acogimiento y de protección.

Recorrer nuevamente sus pasillos eternos; entrar en esas aulas que supieron de nuestras alegrías, ansias y temores de futuros inciertos; transitar una vez mas aquellos patios que a fuerza de abrigar juegos, corridas y amistosas rivalidades de “recreo” nos vieron crecer; fueron suficientes para volver a escuchar lejanos gritos escolares, y a percibir presencias de otros tiempos, que sólo dormitaban en el  recuerdo.  

Esperando en la antesala del rectorado a Jorge Butera, un querido maestro de esa época ya pasada, tuve reminiscencias de lo que  experimentamos en forma plena en el vientre materno y que luego llevamos por siempre con nosotros: una envolvente y agradable sensación de sosiego, y a la vez, de seguridad. Cómo no experimentar todas estas emociones, si cada rincón, cada recoveco de nuestra escuela nos resulta familiar;  si no fueron alguna vez objeto de nuestra curiosidad, y también de nuestros azorados descubrimientos.

Estas imágenes del colegio Mariano Acosta, son fundamentalmente evocaciones de un alumno y de ahí la nostalgia que intencionalmente he intentado transmitir a través de las mismas. Cada lugar fotografiado, no sólo reaviva momentos vividos, sino también evoca personas, alegrías, afectos y tristezas; es decir  ese bagaje de sensaciones y recuerdos que un hombre -en otro tiempo, niño y luego adolescente- experimentó, y que lleva consigo a lo largo de su vida.

Por estas razones el medio escogido fue la Fotografía, pues como ninguna otra actividad artística  entraña la mágica posibilidad de detener el tiempo,  de efectuar un quiebre aunque mas no sea por un instante en su  irremediable e irreductible curso. Esta aptitud  casi mítica,  no solo nos permitirá la reproducción fiel de la realidad, sino también acapararla,  transformarla, y dejar en ella su huella; induciéndonos  a aquellos que pasamos por las aulas de la Escuela Normal, a ir más allá del mero acto contemplativo, y a reflexionar sobre esto es, esto ha sido del que habló alguna vez Roland Barthes.  

Las fotografías contenidas en este libro fueron  deliberadamente escogidas para intentar re-establecer un diálogo cómplice y a la vez respetuoso con el espectador relacionado con un  pasaje común de nuestras vidas, permitiéndonos sutilmente  percibir de a poco, imagen a imagen la presencia inquietante de vidas detenidas en su duración, liberadas de su destino, como bien lo señaló André Bazin.

Esta obra pretende también erigirse en  humilde tributo a todos aquellos educadores -de los cuales algunos, hoy ya no están- que  silenciosamente formaron generaciones de hombres. A ellos y a  los niños que alguna vez fuimos.

                            J.A.A.H.

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